Por: Quiterio Cedeño
Para analizar el comportamiento del sector turismo, principalmente la llegada de turistas internacionales es necesario entender el comportamiento de los mercados, siguiendo la dinámica de los procesos que inciden en ellos. Es necesario considerar las circunstancias que vive cada región, cada mercado, la dinámica de la economía y de los procesos políticos particulares en cada país y región.
Si cambia el comportamiento de la economía de una región o de mercados específicos, la secuencia de los procesos políticos y sociales toman tendencias negativas, crecen los conflictos y el ambiente se pone “pesado” obligando a las personas a reconsiderar los gastos en, vacaciones y actividades prescindibles, una de las primeras víctimas, es el turismo.
Lo confirma la experiencia dominicana. Veamos a grandes rasgos nuestro proceso en los últimos 25 años en que por encima de muchos obstáculos nos hemos consolidado como destino líder del Caribe y puntero en crecimiento en América Latina.
Saquemos de las cifras del turismo a los dominicanos residentes en el exterior, aunque al hablar de turismo, se considera como tal toda persona que vive y obtiene ingresos en un lugar y viaja por descanso o negocios a otro país o región. Como residente permanente en Santo Domingo (desde 1969) cuando visito Puerto Plata, por trabajo o descanso, Samaná, Santiago o Pedernales, soy turista.
En el 2020, en que asumió la presidencia Hipolito Majía, los no residentes que vinieron a al país y no eran de origen dominicano, sumaron 2,459,586. Era un numero considerable que triplicaba las cifras iniciales de la década de los noventa, un muy buen logro.
Estados Unidos con 643,748 turistas (21.7%), Canadá con 245,732 (8.3%) junto con México con 13,137, aportaban el 30.4%. De Europa recibimos 1,301,563, el 52.9%. El viejo continente era entonces nuestro gran mercado, a pesar de que ya nos habíamos lanzado a la conquista de los norteamericanos. America del Sur nos aportó 173,176 (7%). Iniciábamos la conquista de la región.
En los 10 años siguiente los turistas no dominicanos (extranjeros en la jerga del Banco Central) llegaron a 3,521,110. Habíamos sumado poco más d un millón. América del Norte había aportado más de un millón, desde Estados Unidos 1.2 millones y Canadá 659,063. México llegó al 0.6%. América del Sur con 293,816 (3.2%) y el América Central y el Caribe 113,896. Europa había bajado a 1,184,269 para quedarse en el 33.6%.
Saltando al 2025, en que se recupera la dinámica de crecimiento detenida por los efectos de la pandemia 2019-2020, la llegada de turistas internacionales se multiplicó por dos para sumar 7,341,745. Fue un exitoso y gran salto. America del Norte siguió la protagonista principal con Estados Unidos (2.7 millones), Canadá (933,196) y los números de México que se pudieron grandes para aportar el 2.4%, mucho en comparación con el 0.6% del 2010.
La estrategia de diversificación de mercados llevó a América del Sur a aportar 20.9% (1.5 millones). Había dado resultados la batalla para conquistar Colombia (6.0%), Argentina (6.1%), Brasil, Perú y Chile. Europa se había desinflado y apenas superó el millón de turistas (14.5%). El cambio no calló del cielo. Lo produjo una estrategia que entendió los signos del tiempo.
Los logros no caen del cielo, responden al trabajo









