Tradiciones dominicanas que nunca pasan de moda: del sobrecito de shampoo al juego de “yun” en la calle

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En República Dominicana, muchas de las costumbres que marcaron la infancia y la vida cotidiana de generaciones todavía permanecen vivas en barrios y comunidades, convirtiéndose en parte esencial de la identidad cultural del país.

Una de las tradiciones más recordadas es ir al colmado a comprar “sobresitos” de shampoo y rinse por 10 pesos. Para muchas familias dominicanas, esta práctica era parte del día a día: comprar solo lo necesario para el momento. Lo mismo ocurría con productos como el “color” y el vinagre, que podían conseguirse por apenas cinco pesos en pequeños funditos o botellitas recicladas.

Los colmados también fueron protagonistas de otra costumbre popular: pedir “fiao”. Frases como “apúntamelo ahí” o “después te pago” forman parte del vocabulario típico dominicano y reflejan la cercanía entre comerciantes y vecinos.

En las calles, los juegos tradicionales marcaron generaciones enteras antes de la llegada de los celulares y videojuegos. Entre ellos destaca el “yun”, conocido por otros como vitilla o juego de tapas, donde los niños utilizaban latas, palos o pelotas improvisadas para pasar horas jugando en las esquinas.

Otro clásico era jugar “la soga”, especialmente entre niñas y adolescentes, acompañadas de canciones populares mientras saltaban en grupo. También eran comunes juegos como “topao”, “escondío”, “la plaquita”, “canicas”, “troumpo”, “el pañuelito” y “la botellita”.

Las meriendas sencillas también forman parte de estas memorias. Comprar una fundita de “mabí”, un “frío frío”, una empanada de cinco pesos o un “helado de fundita” era parte de la rutina de muchos estudiantes al salir de clases.

En los barrios dominicanos también era tradición sentarse en las aceras al caer la tarde para conversar con vecinos, escuchar música o simplemente “coger fresco”. Mientras tanto, los niños montaban bicicleta, patines o jugaban hasta entrada la noche.

Otra costumbre típica era reutilizar envases de mantequilla, helado o galletas para guardar arroz, habichuelas, azúcar o hasta dinero. De igual manera, muchas familias utilizaban tanques y cubetas para almacenar agua durante los apagones.

Aunque el tiempo y la tecnología han cambiado muchas dinámicas sociales, estas tradiciones continúan siendo recordadas con nostalgia por miles de dominicanos que crecieron entre colmados, juegos de calle y pequeñas costumbres que hoy forman parte de la cultura popular del país.