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Salud

Cómo sobrellevar el cansancio relacionado con el cáncer

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Getty

Una de cada dos personas sufrirá cáncer, lo que convertirá a la otra mitad de la población en familiar de un enfermo. Por tanto, antes o después, esta enfermedad nos acabará afectando a todos.

Durante mucho tiempo, los pacientes solo tenían, en general, dos posibilidades: vivir o morir. Sin embargo, desde hace varios años, gracias al progreso de la investigación, se perfila una nueva perspectiva. El cáncer se plantea cada vez más como una enfermedad crónica, de larga duración.

Desde el momento en que el médico pronuncia la palabra “remisión”, que significa que, aparentemente, el cáncer ha dejado de estar presente, empieza una nueva vida. Una vida alterada y acompañada de numerosos síntomas incapacitantes. De hecho, más de la mitad de las personas viven la etapa posterior al cáncer con más dificultad que el periodo de los tratamientos, que, sin embargo, suponen una dura experiencia.

¿Y a qué se debe esta circunstancia? El principal culpable es el cansancio (también denominado fatiga). O, mejor dicho, los cansancios, pues este término encierra muchos estados diferentes. Es importante distinguirlos bien para sobrellevarlos de la mejor manera posible.

No hay un único cansancio, sino varios

El cansancio se puede describir como una sensación. Cada persona lo experimenta de una forma íntima y cotidiana. Si bien parece ser una experiencia universal, a la hora de aclarar la sensación aparecen matices y surgen diferentes tipos de cansancio.

Debilitamiento, desaliento, postración, agotamiento, hastío, desgana, fatiga, desfallecimiento o extenuación son algunos de los abundantes sinónimos de la palabra “cansancio”. La riqueza de este vocabulario da una idea de lo increíblemente variado que es este fenómeno.

El estado de cansancio también se puede entender como una disminución de la capacidad funcional. La ventaja de este punto de vista es que permite cuantificar el cansancio mediante la realización de test objetivos. Por ejemplo, el cansancio puede definirse como una disminución de la capacidad de los músculos para producir una fuerza. Tras una carrera de 160 km en la montaña, los músculos del muslo solo pueden producir dos tercios de su fuerza inicial. Un fisiólogo, tras analizar los resultados de los corredores que se someten a ese ejercicio, considera que están cansados.

Por su parte, los especialistas de ciencias cognitivas podrán proponer otra definición del cansancio basándose en el tiempo de reacción. Tras varias horas de cálculo mental, el tiempo de reacción aumenta. Los investigadores, al poner de manifiesto este aumento, describirán al sujeto como particularmente cansado.

Así pues, hay tantos tipos de cansancio como funciones evaluadas, lo que aumenta la dificultad de comprender este fenómeno en su conjunto.

El cansancio protege, el agotamiento perturba

Por lo general, la sensación de cansancio no es de carácter patológico. Su función principal es garantizar el buen funcionamiento del organismo protegiéndolo frente a una amenaza de sobreesfuerzo. Salir de fiesta toda la noche, correr un maratón, trabajar con el ordenador durante todo el día, contraer la gripe… Todas estas situaciones nos van a “cansar” y, por tanto, nos van a obligar a tomar un descanso. La causa del cansancio se puede reconocer con claridad, y el cansancio desaparecerá tras un periodo de recuperación.

En cambio, el cansancio relacionado con el cáncer no tiene el mismo carácter. El propio término es erróneo, pues procede del inglés cancer-related fatigue, cuya traducción literal debería ser “agotamiento relacionado con el cáncer”. En realidad, se trata de una sensación de agotamiento físico, cognitivo o emocional que es desproporcionado en relación con la actividad que se acaba de realizar. No se alivia con descanso y perturba profundamente la calidad de vida.

Un síntoma único, múltiples mecanismos

El cansancio relacionado con el cáncer puede deberse a muchos factores. En él pueden influir parámetros de tipo médico, biológico, psicológico, conductual o incluso social.

Por ejemplo, los tratamientos con quimioterapia son conocidos por generar desgaste muscular, que está asociado a una mayor debilidad para hacer ejercicio. La mitad de los enfermos también dicen padecer importantes trastornos del sueño. La depresión que experimentan algunos pacientes también está relacionada muy a menudo con un cansancio severo. En cambio, los pacientes que viven en pareja notan menos cansancio.

Sin embargo, y a pesar de los abundantes trabajos de investigación realizados, todavía se desconocen en gran medida tanto la proporción relativa de los diferentes mecanismos que intervienen en el cansancio como el modo en que interactúan.

Cada vez más personas afectadas

La gran mayoría de los enfermos notarán este síntoma de agotamiento durante los tratamientos. Según el Instituto Nacional del Cáncer de Francia, “la mayoría de las personas enfermas encuestadas consideran que el cansancio afecta a su vida diaria tanto como el dolor o incluso más”.

Un dato más grave todavía: un tercio de las personas enfermas de cáncer sufrirán este cansancio crónico diez años después de la remisión (para los investigadores, el cáncer no se “cura” en sentido estricto; el indicador empleado para el seguimiento de los pacientes es la “tasa de supervivencia neta a 5 años”. Esta fría jerga científica significa que no ha habido ninguna señal de recaída durante un periodo de 5 años posterior al tratamiento).

Ahora bien, el número de pacientes en remisión aumenta, dado que la investigación médica ha hecho importantes progresos. En los últimos 30 años, la tasa de remisión ha mejorado para la mayoría de los tipos de cáncer. Sin embargo, sigue sin prestarse atención suficiente al cansancio, pues con frecuencia es percibido como un paso obligado, tanto por los enfermos como por los profesionales de la salud. Los primeros prefieren no hablar de él, y a los segundos les cuesta proponer un tratamiento específico. Sin embargo, el cansancio relacionado con el cáncer no es algo inevitable, y se puede tratar.

Establecer el tratamiento adecuado

Hasta la fecha, el tratamiento farmacológico ha resultado ineficaz para disminuir el cansancio relacionado con el cáncer, salvo en casos en los que se detectan claramente perturbaciones biológicas, como, por ejemplo, cuando los pacientes sufren anemia.

En cambio, hay numerosas intervenciones no farmacológicas que pueden resultar eficaces para reducir el cansancio relacionado con el cáncer, como una actividad física adecuada, las terapias cognitivo-conductuales o las intervenciones mente-cuerpo, entre otras. No obstante, suelen tener efectos débiles o moderados, y debe tenerse en cuenta que son muy variables en función de cada persona.

El cansancio constituye una respuesta única a mecanismos que pueden ser muy diferentes en función de cada persona. Por eso no existe una solución universal. Una intervención puede ser adecuada para tratar las causas del cansancio en un paciente y, sin embargo, resultar mucho menos pertinente para otro. Por ejemplo, la actividad física será decisiva en el cansancio relacionado con una pérdida de masa muscular, pero resultará poco adecuada si el cansancio es sobre todo de origen emocional.

Así pues, es fundamental comprender mejor a qué se debe el cansancio de cada paciente. Nuestro laboratorio y otros equipos del mundo trabajan en ello. Estos estudios de investigación permitirán, a la larga, evaluar mejor las distintas causas del cansancio, para proponer un tratamiento personalizado y optimizar la eficacia de las intervenciones. Mientras tanto, hay que otorgar al cansancio la importancia que merece, pues no es un factor irrelevante.

Por Baptiste Morel
Maître de conférences, Le Mans Université

Publicado originalmente en The Conversation.

Artículo traducido gracias a la colaboración de Fundación Lilly.

Fuente: Infobae

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