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Artículo | Almas de Muchacho

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Desde este disco nos mira un muchacho alto, delgadísimo, de rostro tan hermoso como raro, de melena bailadora y ojos vivos por donde se desbordan ansiedades y luces de mañana. La historia lo ha escogido desde la sensibilidad especial de una mujer en la que laten casi todas las mujeres que él ama y admira, para pedirle que haga algo que sólo ella sabe que él podría.

Él se asusta y corre. Destroza una guitarra, devora libros, escoge versos, los más impactantes y sonoros, los más terribles, pero…no puede. Llora cuando quiere cantar: los poemas no se dejan y él sólo siente que ya nunca alcanzará a tocar la majestad del poeta. Él no logrará que suenen los versos. Él no sabe, él no puede. Y va de vuelta hasta aquella mujer, a la que nadie se atreve a decir que no se puede, para confesarle su impotencia.

El muchacho es Amaury Pérez Vidal antes de ser quien es y la mujer es Haydeé Santamaría Cuadrado, la Yeyé amada de Cuba, en cuya Casa los imposibles se deshacen antes de subir al primer piso, desde donde ella ejerce de jefa, consejera y madre algunas veces. El muchacho no llegará a decirle que no puede. A medio camino lo llama y escucha en sus angustias un hombre, alto y flaco como él, pero más grande. Le gana en edad, poesía y conocimiento. Se llama Roberto Fernández Retamar y ya es leyenda entre los conocedores de la poesía de José Martí, que es la Obra sobre la que Yeyé le ha pedido que trabaje al muy joven Amaury Pérez.

Todo ocurre en los días intensos, veloces, de 1976. Para entonces el mexicano Oscar Chávez ha musicalizado algunos poemas de Martí y se difunden con gran éxito los trabajos de Pablo Milanés y Sara González con los Versos Sencillos y los Versos Libres respectivamente. “No queda nada por hacer, digno de lo que se ha hecho”, se lamenta Amaury frente a Roberto, que sonríe como quien le conoce a la vida los caminos que el inquieto muchacho está por transitar todavía.

“¿Qué edad tienes?”, pregunta el poeta. 23 responde el cantautor, que aún no los ha cumplido. “Pues busca lo que escribió Martí a tu edad”.

Amaury ha dicho muchas veces que en una semana compuso ocho de los diez temas del acetato, aunque demoró más de un año en salir y convertirse en uno de los trabajos más amados y difundidos del artista, a pesar de la sobriedad del disco y de su título, tan directo y seco como una noticia: Poemas de José Martí cantados por Amaury Pérez.

¿Revelación, epifanía, suma de saberes? Sólo él y el misterioso encanto de este disco podrían responder. A la vista de quienes visitan su casa, que no a su mano, porque no los presta, todavía se encuentran los tomos 16 y 17 de las Obras Completas de Martí, cuyas hojas de buen papel han resistido milagrosamente el febril y constante repaso del artista, desde que descubrió en los versos que guardan, sus propias ansias, dolores y sueños.

Veinte años después, otro martiano absoluto, Eusebio Leal Spengler, auspicia una edición conmemorativa de aquella placa, en el formato más moderno de CD. La Oficina del Historiador de La Habana adornaría el salto tecnológico incluyendo las letras de todos los poemas cantados y dos imágenes de Martí que conmueven tanto como las palabras del propio Eusebio al agradecerle a Amaury su obra “por el estremecimiento que no pocas veces hemos sentido al escuchar sus interpretaciones, ellas tienen el rango y la función que es don exclusivo de las almas escogidas”.

El CD, renombrado mejor: “Martí en Amaury”, alcanza similar impacto a pesar de los años y el producto de su comercialización se destina íntegramente a apoyar la restauración de la Iglesia de Paula, financiando su espléndido vitral.

Dos décadas y media más y un hecho doloroso –una ofensa inaceptable a los bustos del Apóstol en su enero de homenajes- mediaron entre aquella edición conmemorativa y la que ahora suena como obra nueva en varias voces tremendas

Los versos del joven Martí que musicalizó el joven Amaury hace más de 42 años, logran tal calibre en la versión más reciente, que parecen escritos y musicalizados hoy. ¿Revelación, epifanía, suma de saberes? Todo y más. Martí, ese misterio que nos acompaña, según Lezama, supo también del poder de la música para encantar las almas. Y desde 1976 se robó la de aquel muchacho que lloraba por no saber domar sus versos, hasta que otro poeta le enseñó a encontrarse a sí mismo en ellos.

Por Arleen Rodríguez Derivet, La Habana.

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