Gobiernos de orientación progresista y de izquierda democrática de América Latina expresaron este sábado su condena a la operación militar en Venezuela anunciada por Estados Unidos, advirtiendo que el uso de la fuerza representa una amenaza al derecho internacional, la soberanía de los Estados y la estabilidad regional.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, calificó los bombardeos en territorio venezolano y la captura del mandatario Nicolás Maduro como una “afrenta gravísima” a la soberanía del país y un precedente “extremadamente peligroso” para la comunidad internacional. En mensajes difundidos a través de sus canales oficiales, Lula afirmó que la acción recuerda “los peores momentos de la interferencia en la política de América Latina y el Caribe” y advirtió que amenaza la preservación de la región como zona de paz.
Lula llamó a la comunidad internacional, por medio de la Organización de las Naciones Unidas, a responder de forma “vigorosa” ante los hechos, reiterando que Brasil condena el uso de la fuerza y mantiene su disposición a promover el diálogo y la cooperación como vía para resolver la crisis.
Desde Chile, el presidente Gabriel Boric Font expresó la preocupación y condena de su Gobierno por las acciones militares en Venezuela y llamó a buscar una salida pacífica a la crisis. Boric reafirmó la adhesión de Chile a los principios del derecho internacional, incluyendo la proscripción del uso de la fuerza, la no intervención y la solución pacífica de las controversias internacionales.
En México, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo recordó que el artículo 2, párrafo 4, de la Carta de las Naciones Unidas prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, subrayando que esa ha sido la posición histórica del Gobierno mexicano en su política exterior.
Uruguay, por su parte, se pronunció a través de su Ministerio de Relaciones Exteriores, reiterando su apego al multilateralismo, al respeto del derecho internacional y a la solución pacífica de los conflictos, al tiempo que expresó preocupación por la escalada de tensión en Venezuela y evitó respaldar acciones militares unilaterales.
Desde Colombia, el presidente Gustavo Petro manifestó su “profunda preocupación” por los reportes de explosiones y actividad aérea inusual registrados en las últimas horas en Venezuela y por la escalada de tensión en la región. El Gobierno colombiano rechazó cualquier acción militar unilateral que pueda agravar la situación o poner en riesgo a la población civil y llamó a la desescalada inmediata.
Petro informó además que Colombia ha dispuesto medidas preventivas para proteger a la población civil y preservar la estabilidad en la frontera colombo-venezolana, ante posibles impactos humanitarios o migratorios, y aseguró que mantendrá abiertos los canales diplomáticos y multilaterales para la verificación objetiva de los hechos y la preservación de la paz regional.
En una posición más contundente, el presidente de Bolivia, Luis Alberto Arce Catacora, condenó de manera categórica la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y calificó la captura del presidente Nicolás Maduro como un atentado sin precedentes contra la autodeterminación de un pueblo soberano. Arce llamó a una reacción inmediata de la comunidad internacional y a la intervención de la ONU para evitar una escalada de consecuencias incalculables.
El mandatario boliviano afirmó que la operación responde a intereses estratégicos sobre los recursos naturales venezolanos y lamentó que no se haya respetado la Zona de Paz proclamada por la CELAC en 2014, reiterando la solidaridad de su Gobierno con el pueblo venezolano.
Las reacciones de estos gobiernos reflejan una amplia preocupación regional por el impacto de la operación militar en Venezuela y evidencian una postura mayoritaria en favor del respeto al derecho internacional, la soberanía de los Estados y la búsqueda de soluciones diplomáticas frente a la escalada del conflicto.

