La controversia en torno al reality digital “Casa de Alofoke” generó una inesperada división dentro de la comunidad cristiana, luego de que un predicador evangélico cuestionara públicamente la postura del movimiento “Matrimonio Feliz”, organización que había solicitado a las autoridades intervenir el programa alegando que promueve “violencia, vulgaridad e inmoralidad”.
El creador de contenido cristiano Alberto Villar rechazó esa petición y afirmó que la iglesia no debe intervenir en lo que cada persona decide consumir en una plataforma digital. “¿Qué hace un cristiano viendo La Casa de Alofoke?”, se preguntó, subrayando que el acceso al contenido depende exclusivamente del usuario, más aún cuando se trata de YouTube.
En su análisis, el evangelista sostuvo que existen temas más urgentes dentro de las propias congregaciones, como disputas públicas entre líderes religiosos, escándalos internos y fallas de conducta que —a su juicio— deberían recibir mayor atención que un programa de entretenimiento.
El comunicador insinuó además que la campaña contra la plataforma podría estar influenciada por sectores externos contrarios al productor Santiago Matías. “Huele a manipulación”, afirmó, al considerar sospechoso que solo se señale a un programa cuando otros espacios mediáticos tienen contenidos similares.
También defendió que la responsabilidad sobre lo que consumen los niños recae en los padres: “Mis hijas nunca verían ese contenido porque yo tengo el control. Esa es la labor de los padres, no de la iglesia”.
La crítica interna ha provocado un intenso debate en redes sociales, donde creyentes, creadores de contenido y usuarios en general discuten sobre moralidad, libertad de expresión y los límites de la intervención religiosa en la vida pública.

