A muchas personas les cuesta decir “no” y no es simplemente una cuestión de educación o personalidad, sino que existe una razón científica detrás de esa incomodidad.
Rechazar una solicitud activa mecanismos cerebrales vinculados con el dolor y la ansiedad, según explicó la neuropsicóloga Alba Cardalda en una entrevista con la BBC.
El cerebro humano, por naturaleza, está programado para buscar la aceptación social, por lo que negarse a una petición puede percibirse como una amenaza a esa necesidad de pertenencia.
Desde tiempos ancestrales, la inclusión en el grupo social fue una cuestión de supervivencia. De ahí que, incluso hoy, el simple hecho de decir “no” genere culpa o malestar. Esta respuesta emocional se origina en una parte del cerebro llamada corteza cingulada anterior, que se activa ante el conflicto o el rechazo, lo que lleva a muchas personas a ceder, aunque eso vaya en contra de su bienestar personal.
Además, no solo el cerebro influye. La manera en que fuimos educados y la cultura en la que crecimos también tienen un peso importante.
En muchas sociedades se enseña desde la infancia que es mejor complacer, ser amable y evitar discusiones. Como resultado, negarse a algo puede interpretarse como un acto de rebeldía o confrontación, algo que muchas personas prefieren evitar, aunque eso implique renunciar a sus propias necesidades.
Sin embargo, esta tendencia a aceptar todo por evitar conflictos puede terminar afectando seriamente la salud emocional. Por eso, la especialista recomienda desarrollar la asertividad, una habilidad que permite establecer límites con respeto y sin agresividad.
Frases como “ahora no puedo, pero quizás más adelante” o “me encantaría ayudarte, pero tengo otros compromisos” son formas efectivas de rechazar sin deteriorar las relaciones personales.
Aprender a decir “no” no solo ayuda a reducir el estrés y evitar el agotamiento, sino que también contribuye a construir vínculos más honestos, equilibrados y sostenibles.
Cardalda insiste en que poner límites no es ser egoísta, sino una muestra de amor propio y una estrategia esencial para cuidar la salud mental, administrar mejor el tiempo y proteger nuestra energía.









