Mujeres que lideran sin pedir permiso

Mujeres que lideran sin pedir permiso

Margarita Cedeño @Margaritacdf Fuente: Listin Diario

Durante generaciones, a las mujeres se nos enseñó que el liderazgo tenía un solo rostro y que era masculino, rígido, autoritario e impenetrable. Se nos impuso la espera, la paciencia y el silencio. Nos obligaron a ser discretas, sumisas y obedientes. Nos dijeron que para acceder al poder debíamos pedir permiso, ceder espacio, sacrificar verdades y ocultar nuestras convicciones.

Pero ese tiempo ya quedó atrás. Afortunadamente. Hoy, miles, o quizás millones de mujeres en todo el mundo y en nuestra amada República Dominicana, lideran sin pedir permiso. Lideran sin miedo y sin pausa. Están desafiando el statu quo, derribando estructuras caducas, haciendo trizas los techos de cristal y rompiendo las cadenas invisibles que durante siglos limitaron nuestras voces, nuestros cuerpos y nuestras posibilidades.

Estas mujeres no esperan ser validadas. No buscan que alguien les dé paso. Sencillamente caminan, actúan y transforman. Lideran desde trincheras diversas, ya sea desde la política o el sector privado; desde las aulas, los consultorios, los barrios, las iglesias, los movimientos sociales, los emprendimientos familiares o la intimidad de sus hogares. Lideran con autenticidad, con coraje, con visión, desde la experiencia propia y desde la historia colectiva de las mujeres que les precedieron.

Este liderazgo femenino no es una moda pasajera ni una concesión del sistema. Es una fuerza ética, transformadora y profundamente humana. Surge del haber vivido en carne propia la exclusión y la invisibilización. Es un liderazgo que comprende que el poder no se ejerce para dominar, sino para servir; no para imponerse, sino para construir; no para perpetuar jerarquías, sino para abrir caminos.

No lideramos como los hombres y no tenemos por qué hacerlo. Nuestra fuerza está en la empatía, en la capacidad de escucha, en la ternura como herramienta política, en la firmeza que no necesita estridencia, en la inteligencia emocional como guía. Lideramos desde la intuición, desde la estrategia, desde la palabra compartida y el silencio consciente.

He conocido mujeres extraordinarias que no tienen un título académico ni un cargo público, pero cuyo liderazgo cambia vidas. Mujeres que transforman desde la comunidad, desde el salón de clases, desde un consultorio rural, desde una cocina, desde un pequeño negocio. Algunas con un niño en brazos, otras con heridas que son memoria. No buscan reconocimiento, pues saben que el liderazgo verdadero es un acto profundo de amor, responsabilidad y coherencia.

Yo misma he vivido lo que significa liderar sin pedir permiso. Como Primera Dama y luego como Vicepresidenta, impulsé políticas públicas que en su momento fueron tildadas de “utópicas”, “secundarias” e “imprácticas”. Los Centros Tecnológicos Comunitarios, el programa Progresando con Solidaridad, la incorporación de tecnología en salud y educación en comunidades vulnerables, la promoción del emprendimiento femenino y la educación financiera… muchas veces se me dijo que no era el momento, que iba a abrir una caja de pandoras, que debía “alinearme” o que esperara recibir la “luz verde” para un proyecto.

Pero decidí actuar. Porque entendí que esperar era renunciar. No pedí permiso para empoderar a miles de mujeres, ni para luchar contra el embarazo adolescente, ni para proteger a la niñez más vulnerable. Porque liderar no es esperar el consenso cuando las vidas están en juego. Es hacer lo correcto, aun cuando se esté sola. Hoy, muchos de esos programas son referencia internacional. Son la prueba de que liderar con convicción da frutos y deja huella.

Cada vez que una mujer lidera con dignidad, con pasión y con propósito, abre el camino para muchas otras. Ese es el verdadero legado, que nuestras niñas crezcan sabiendo que no tienen que pedir permiso para soñar y actuar.

Hoy el mundo clama por un nuevo estilo de liderazgo. Más humano, más ético, más sostenible, más plural. Y ese liderazgo, cada vez más, tiene rostro de mujer. No porque seamos mejores, sino porque traemos la otra mitad de una visión históricamente incompleta.

A todas las mujeres que hoy lideran desde donde están, les digo con el corazón en la mano: no bajen la voz. No oculten su luz. No detengan su paso. El mundo las necesita y, finalmente, las está escuchando.