Cada 21 de junio se conmemora el Día Mundial de la Jirafa, una fecha que busca llamar la atención sobre la crítica situación de esta especie, tan emblemática como poco comprendida.
Aunque suelen asociarse con la elegancia y la singularidad por su largo cuello y su andar sereno, las jirafas juegan un papel fundamental en los ecosistemas africanos.
Gracias a su capacidad para alcanzar las copas de los árboles, actúan como podadoras naturales y dispersan semillas, lo cual favorece el equilibrio ecológico y la biodiversidad del entorno.
No obstante, en las últimas tres décadas, la realidad que enfrentan estas criaturas ha dado un giro alarmante. Su población ha disminuido en torno a un 40 %, una cifra que no solo impacta, sino que también revela la falta de atención que ha recibido esta especie.
Actualmente, se estima que solo quedan unas 68.000 jirafas en libertad, y ya se han extinguido en siete países africanos donde antes solían ser comunes.
Entre las principales amenazas que enfrentan, se encuentra la pérdida de hábitat ocasionada por la deforestación, la expansión agrícola y los asentamientos humanos.
A esto se suma la caza furtiva, motivada por la demanda de su carne, huesos y piel, lo cual sigue agravando su situación.
Sin embargo, las jirafas no solo sorprenden por sus desafíos, sino también por sus extraordinarias características: Son los mamíferos más altos del planeta, con una visión privilegiada que les permite detectar peligros desde lejos.
Además, cada una tiene un patrón de manchas único, tan exclusivo como las huellas digitales humanas. Se comunican a través de infrasonidos —frecuencias que escapan al oído humano—, viven en grupos sociales abiertos sin jerarquías, y su forma de alimentarse contribuye indirectamente al bienestar de muchas otras especies.
El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente ha advertido que, si la humanidad no transforma su relación con la naturaleza, podrían sobrevenir consecuencias ecológicas graves.
Proteger a las jirafas no es solo un acto de conservación animal, sino también una forma de preservar los equilibrios naturales de los que todos dependemos.









