Tras la renuncia del primer ministro K.P. Sharma Oli en medio de las masivas protestas juveniles y la crisis política que sacude a Nepal, el país se enfrenta a un vacío de poder sin precedentes.
De momento, no hay un sucesor inmediato: el gobierno civil quedó disuelto y el control de facto lo ejerce el Ejército, que desde la noche del martes mantiene un toque de queda nacional, cerró las fronteras y selló los aeropuertos. El jefe del Estado Mayor ha hecho un llamado al diálogo, posicionando a las Fuerzas Armadas como árbitro en esta etapa de transición.
En el terreno político, varios nombres comienzan a sonar para encabezar un gobierno interino. Una de las figuras más mencionadas es Sushila Karki, ex presidenta del Tribunal Supremo y reconocida por su independencia y lucha contra la corrupción. Su perfil cuenta con respaldo entre los manifestantes y sectores de la oposición.
Otra figura con fuerte apoyo de la juventud es Balendra Shah, alcalde de Katmandú y ex rapero, que se ha convertido en símbolo del movimiento ciudadano y podría emerger como alternativa política a corto plazo.
Según la Constitución, la formación de un nuevo gobierno requiere el apoyo mayoritario en el Parlamento; sin embargo, ante el colapso institucional, también se baraja la convocatoria de elecciones anticipadas en un plazo de meses, una de las principales demandas de la Generación Z.
Por ahora, Nepal atraviesa días de incertidumbre, con la presión de las calles, la mediación militar y la expectativa de quién será el próximo líder capaz de encauzar la transición tras la caída de Oli.
Se recuerda que, la Generación Z se convirtió en el motor de la revuelta que precipitó la renuncia del primer ministro K.P. Sharma Oli: jóvenes organizados desde TikTok y otras redes sociales lideraron las mayores protestas en décadas contra la corrupción y la censura digital, dejando un saldo sangriento y un país bajo control militar.









