Fallece el expresidente nigeriano Muhammadu Buhari a los 82 años

Fallece el expresidente nigeriano Muhammadu Buhari a los 82 años

El expresidente de Nigeria Muhammadu Buhari, una de las figuras más influyentes en la historia política del país africano, falleció este domingo en Londres a los 82 años mientras recibía tratamiento médico, según confirmó su secretario de prensa.

Buhari ocupó la presidencia de Nigeria en dos etapas muy distintas. Primero, llegó al poder en 1983 tras encabezar un golpe militar, instaurando un régimen autoritario que fue interrumpido menos de dos años después por sus propios compañeros de armas. Décadas más tarde, en 2015, regresó al poder como presidente democrático, convirtiéndose en el primer opositor en vencer a un mandatario en ejercicio en unas elecciones presidenciales.

Ese histórico triunfo se vio impulsado por el entusiasmo de millones de ciudadanos que confiaron en su promesa de erradicar la corrupción sistémica y enfrentar la grave crisis de seguridad que golpeaba al país. Sin embargo, a pesar del respaldo inicial, su gobierno enfrentó múltiples desafíos. Durante sus ocho años al frente del país, Nigeria sufrió el avance de la violencia extremista, especialmente por parte del grupo Boko Haram en el noreste, mientras la economía nacional entraba en recesión.

El actual presidente, Bola Tinubu, definió a Buhari como “un patriota, un soldado y un estadista hasta la médula”, y ordenó el traslado de su cuerpo desde Londres a través del vicepresidente. No obstante, las reacciones en el país han sido diversas. Mientras algunos sectores lamentan su partida, otros lo recuerdan con críticas, evidenciando la dificultad de unir a un país profundamente dividido entre un norte mayoritariamente musulmán y un sur cristiano.

A lo largo de su mandato, Buhari intentó posicionarse como una figura de orden y limpieza moral, especialmente por su origen en el conservador norte nigeriano. Se propuso acabar con los homicidios, reducir la impunidad y sanear las instituciones, pero al finalizar su gestión, muchos consideraban que las promesas se habían diluido. La percepción generalizada fue que la inseguridad se había intensificado y que la corrupción seguía infiltrada en múltiples niveles del gobierno.

Además, la economía se resintió por la caída de los precios internacionales del petróleo, principal fuente de ingresos del país, y por los ataques de grupos armados en el Delta del Níger. Buhari impulsó medidas económicas poco convencionales que afectaron la estabilidad de la moneda y provocaron una grave escasez de divisas. La inflación, que se mantuvo en niveles de dos cifras, golpeó especialmente a las clases más vulnerables.

La sociedad civil también cuestionó su estilo de gobierno, especialmente después de episodios de represión contra manifestantes que denunciaban la brutalidad policial. Sus decisiones para restringir el uso de redes sociales, consideradas por muchos jóvenes como su único espacio de expresión, alimentaron aún más las tensiones.

Por si fuera poco, sus constantes viajes al extranjero por razones médicas generaron malestar. La falta de transparencia sobre su salud y las largas ausencias, financiadas con fondos públicos, causaron frustración entre los ciudadanos, quienes enfrentaban serias deficiencias en los servicios de salud locales.

Muhammadu Buhari se va dejando una huella compleja. Para algunos, fue un líder firme con buenas intenciones; para otros, un presidente que no logró cumplir sus promesas. Lo cierto es que su figura marcó varias décadas de la vida política nigeriana, desde los años de gobierno militar hasta su última presidencia democrática.