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WTC: el ataque del 11 de septiembre y su impacto en América Latina

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© AP Photo / Gene Boyars

El atentado del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas en Nueva York cambió la relación de EEUU con el mundo. No fue distinto para América Latina, que según explicaron a Sputnik las analistas Vanessa Cárdenas y Beata Wojna, significó la caída de acuerdos migratorios y de libre comercio y sentó las bases para la década progresista.

La reunión en la Casa Blanca entre el entonces presidente estadounidense, George W. Bush, y su par mexicano, Vicente Fox, parecía estar caracterizada por el más puro optimismo. Al tiempo que Bush destacaba ante los medios internacionales que ningún país era más cercano al suyo que México, Fox pedía que se acelerara la firma de un acuerdo migratorio que legalizara a los mexicanos indocumentados. Era el 4 de septiembre de 2001 y los mandatarios no sabían que lo que sucedería tan solo una semana después lo cambiaría todo.

En efecto, los atentados contra las Torres Gemelas del 11 de septiembre sacudieron al mundo y, si bien las consecuencias más notorias se vieron en las intervenciones estadounidenses en Medio Oriente, también marcaron un antes y un después para las relaciones entre Washington y todos los países latinoamericanos.

A 19 años de aquel episodio, la licenciada en Relaciones Internacionales mexicana Ana Vanessa Cárdenas recuerda que lo primero que hubo entre los latinoamericanos fue “ese sentimiento que tenemos los países que de alguna manera somos dependientes en relación asimétrica: la gente dice qué bueno, se lo merecen por todos los abusos que cometen”.

Por supuesto, se trató de una reacción inmediata que, de acuerdo a la especialista, luego dejó lugar a una preocupación más seria. “Por primera vez a América Latina le hizo ruido la gran amenaza del terrorismo internacional, algo que veíamos muy alejado y quizás solo asociábamos con el terrorismo de Estado de los años 50, 60 y 70″, apuntó.

Beata Wojna, profesora de Relaciones Internacionales y exembajadora de Polonia en México, también recordó cómo los atentados cambiaron lo que el terrorismo significaba para la región. “Hasta el 11 de septiembre de 2001 el riesgo de terrorismo se veía de una forma marginal pero a partir de los atentados la guerra al terrorismo fue un mantra predominante en el contexto internacional, modificando en gran medida las relaciones entre EEUU y los países del mundo”, explicó a Sputnik.

Wojna repasó las declaraciones de solidaridad con EEUU emitidas apenas días después por la Organización de Estados Americanos (OEA) y la invocación del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), que comprometió a los países americanos a actuar ante “elementos fundados para presumir que alguna persona en su territorio pueda haber participado o prestado cualquier asistencia en los ataques perpetrados el 11 de septiembre de 2001”.

Por supuesto, se trató de una declaración “más que nada simbólica”, apuntó Wojna, ya que el respaldo militar que EEUU buscaba para sus intervenciones en Medio Oriente provendrían de los países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

A pesar del rápido apoyo, Cárdenas consideró que América Latina nunca logró consolidar una respuesta firme contra el terrorismo, un fenómeno que a pesar de algunas detenciones a sospechosos de integrar organizaciones terroristas, no dejó de ser visto como “alejado”.

“Lo que ocurrió es que en las agendas de seguridad de América Latina no había una definición clara y los protocolos realmente se activan cuando EEUU ejerce cierta presión”, indicó Cárdenas.

Wojna, en tanto, señaló que ese apoyo inicial a EEUU pronto derivó en debates entre los países de América Latina sobre el apoyo o rechazo a las intervenciones estadounidenses en Afganistán en 2001 e Irak dos años más tarde. Como ejemplo, citó el voto contrario de México y Chile en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a la hora de aprobar la intervención en Irak y, por otro lado, el respaldo político que recibió de otros países latinoamericanos como Colombia, Nicaragua y El Salvador.

“Se puede decir que la polarización de América Latina es uno de los elementos que hemos visto después de los atentados”, subrayó Wojna.

La chispa para la década progresista

Los meses siguientes a los atentados encontraron a EEUU enfocado en el combate al terrorismo en Medio Oriente. Las analistas consultadas por Sputnik coincidieron en que el nuevo objetivo de Washington fue determinante para que América Latina aprovechara una nueva época con menos presión desde el país del norte.

“Hubo un cambio de prioridades en la política exterior de EEUU y la atención se dirigió claramente hacia Medio Oriente. La región de América Latina se quedó, digamos, ‘abandonada’ por EEUU, lo que muchos pueden criticar y muchos otros celebrar”, sostuvo Wojna.

Cárdenas recordó, en esa línea, que hasta 2001 EEUU mantenía una estrategia de “impulsar sus ideales de derechos humanos, democracia y libre comercio” en América Latina a través acuerdos de libre comercio. A partir de los atentados, “esto se abandona y EEUU pasa a imponer estos ideales, ya no a través del libre comercio sino a través de lo militar, en el Medio Oriente”.

La investigadora explicó que hasta el momento de los atentados “el único país que le generaba problemas” a EEUU en América Latina era Cuba. Sin embargo, los años que vinieron luego de 2001 se caracterizaron por la creciente influencia del presidente venezolano Hugo Chávez y el “socialismo del siglo XXI” que propició la creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), una alternativa comercial que excluía a EEUU y se planteaba en contraposición al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Casi dos décadas después del 2001, señaló Cárdenas, EEUU ya no tenía uno sino cuatro países que le “molestaban”: Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia. Los liderazgos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en Argentina, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y Rafael Correa en Ecuador también caracterizaron la década que seguiría al 2001.

Los migrantes, los nuevos perjudicados

Aquel acuerdo migratoria que Fox y Bush pretendían acelerar una semana antes de los atentados quedó trunco apenas el país norteamericano dio inicio a una doctrina de incrementar la seguridad en todas sus fronteras.  En ese marco, la conectividad entre México y EEUU fue uno de los puntos clave.

“El 11 de septiembre frena el acuerdo migratorio y fortalece al enemigo externo del terrorismo. Pero en el imaginario colectivo el terrorismo está identificado con el ‘otro’, con el extranjero y la frontera más porosa para que llegaran terroristas era la de México”, repasó Cárdenas.

La investigadora mexicana valoró que finalmente se comprobó que los terroristas no llegaban a EEUU a través de México, ya que de lo contrario México y América Latina podrían haber sufrido incluso más restricciones.

Aún así, consideró que el clima político y social en EEUU después de los atentados favoreció “la exacerbación del odio y la antipatía hacia los latinos”. Y a pesar de que se identificó al actual presidente Donald Trump como el más enfático contra la migración latinoamericana, Cárdenas recordó que en el mandato de Barack Obama también se rechazó a gran cantidad de migrantes que llegaban desde México.

De hecho, Cárdenas apuntó que Trump supo aprovechar el discurso antiinmigrante que explotó luego de 2001 para conseguir rédito político y llegar a la Casa Blanca quince años después. “Trump de alguna manera llega con la mesa servida porque el extranjero ya era señalado desde el 11 de septiembre como una amenaza”, precisó.

El final de una época

A casi veinte años de los atentados, para Wojna aquellos eventos parecen quedar “muy lejos” si se tiene en cuenta que en los años siguientes el mundo vivió otros eventos mundialmente impactantes como la crisis económica de 2008 y la pandemia de COVID-19 de 2020.

Pero más allá de eso, la docente consideró que “estamos llegando al fin de un período iniciado por los atentados de 2001”. Para la analista, el final de esa etapa está marcado por la firma de un histórico acuerdo de paz entre el Gobierno de EEUU y el movimiento Talibán en febrero de 2020.

“Este acuerdo marca el fin de esta larga guerra contra el terrorismo. Ahora hay nuevas prioridades: el enemigo ya no es el terrorismo y la lucha ahora está concentrada en China, con un cambio de paradigma en las relaciones internacionales”, analizó. Fuente: Sputnik


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