Escrito por Mr. Fílmico
Imagina que consigues el trabajo perfecto: ese que te acerca a todos los sueños que llevas años postergando.
El viaje con tus amigos de infancia que siempre planean pero nunca concretan. Ese apartamento en el centro de la ciudad que admiras cada vez que pasas por ahí. O la casa en las afueras donde te imaginas construyendo una familia.
Pero, ¿y si para lograrlo tuvieras que desconectarte —literalmente— de todo lo que eres fuera de la oficina, aceptarías trabajar para esa empresa?



Eso es Severance, la serie de AppleTV+ creada por Dan Erickson y dirigida parcialmente por Ben Stiller, una de las propuestas más inquietantes y originales de la televisión contemporánea.
Desde su primer episodio, Severance nos arrastra a un mundo donde el suspenso no grita, sino que susurra.
Es una narrativa que no necesita monstruos ni persecuciones para generar ansiedad. Todo ocurre en un entorno controlado, donde el verdadero terror es la desconexión entre lo laboral y lo humano.
Estilo minimalista que genera ansiedad
El departamento de Lumon Industries, donde transcurre la mayor parte de la serie, está diseñado como una trampa estética.
Espacios blancos, alfombras verdes, escritorios simétricos y pasillos interminables que no llevan a ningún lugar. El minimalismo aquí no transmite orden, sino inquietud.
La ausencia de elementos decorativos se convierte en una ausencia emocional: no hay fotos, ni plantas, ni ventanas, ni rastros de vida.
Esta ambientación no solo construye la atmósfera de la serie, sino que es parte esencial del relato. La oficina se vuelve un personaje más: opresivo, repetitivo, y deliberadamente despersonalizado.
Es una metáfora visual del aislamiento emocional que viven los personajes, y una crítica sutil (o no tanto) al mundo corporativo contemporáneo.
Una paleta que da la sensación de vacío
La paleta de colores también juega un rol protagónico. Blancos, verdes pálidos y tonos neutros dominan el espacio, creando un contraste brutal con la calidez del mundo exterior.
Esta dualidad cromática resalta la ruptura entre las dos identidades que viven dentro de cada trabajador: el “innie”, atrapado dentro de Lumon, y el “outie”, que vive su vida sin saber lo que sucede en su jornada laboral.
Ese juego de colores no solo define ambientes, sino emociones. Afuera hay luz natural, madera, piel.
Adentro, hay neón, plástico, y silencio. Así, el diseño visual se convierte en una extensión del guión, y un recurso más para mantener al espectador en un constante estado de alerta.
Actuaciones impecables
El elenco de Severance realiza un trabajo magistral al habitar estos espacios artificiales sin perder manidad.
Adam Scott, conocido por su carisma en comedias, entrega aquí una interpretación contenida, vulnerable y profundamente emocional.
Britt Lower, John Turturro, Patricia Arquette y Christopher Walken completan un reparto donde cada mirada, cada pausa, y cada línea de diálogo parece medida con bisturí.
Sus personajes viven atrapados en una realidad dividida, y sus actuaciones logran que esa división se sienta real, dolorosa y, sobre todo, inquietante.
Hay algo profundamente trágico en ver a alguien que no sabe quién es más allá de su escritorio.
Una historia que rompe con lo convencional.
Severance no es una serie fácil, hay que darle el chance. No explica demasiado, no apura las respuestas, y no se preocupa por gustar desde el primer momento. Pero eso es precisamente lo que la hace brillante.
Es una apuesta por el misterio a fuego lento, por el suspenso existencial más que el convencional.
Cada episodio es una capa más de un mundo que parece cercano y distópico al mismo tiempo.
En una era de contenidos acelerados y fórmulas repetidas, Severance se atreve a bajar el ritmo, a explorar la incomodidad, y a plantear preguntas difíciles:
¿Hasta dónde estás dispuesto a ceder por una vida laboral sin estrés? ¿Qué parte de ti estás dispuesto a borrar para ser “productivo”?
Si te gustan las historias que te hacen pensar, sentir y cuestionar la realidad, esta es una serie que no puedes dejar pasar.

