¿Las plantas sienten dolor? La ciencia tiene una respuesta clara

¿Las plantas sienten dolor? La ciencia tiene una respuesta clara

Durante años, la posibilidad de que las plantas pudieran “sentir” ha sido un tema que despierta curiosidad tanto en investigadores como en el público en general.

Sin embargo, aunque algunas reacciones de las plantas podrían parecer similares a las respuestas de los animales ante una agresión, la ciencia ha dejado claro que las plantas no sienten dolor como lo hacemos los seres humanos u otros animales. Esta diferencia se explica, principalmente, por la ausencia de un sistema nervioso central en su estructura biológica.

Comprender cómo funciona el dolor en los animales ayuda a despejar dudas. Para que un organismo perciba dolor, necesita contar con nociceptores, que son receptores encargados de detectar estímulos dañinos, y también con un cerebro —o al menos una estructura similar— que procese esas señales.

Esta combinación permite que el organismo no solo reaccione ante un daño, sino que además lo experimente emocional y sensorialmente.

Las plantas, en cambio, no poseen ni nociceptores ni cerebro. Tampoco tienen médula espinal ni una red neuronal comparable a la de los animales, lo que impide que puedan sentir dolor como lo entendemos nosotros.

Ahora bien, que no sientan dolor no significa que no reaccionen. Las plantas son seres vivos increíblemente sensibles a lo que ocurre a su alrededor.

Detectan cambios en la luz, perciben la gravedad, responden al contacto, reconocen ataques de insectos y hasta reaccionan ante heridas. Por ejemplo, si una oruga se alimenta de una hoja, algunas especies de plantas liberan sustancias químicas volátiles para repeler al intruso o incluso atraer depredadores que puedan ahuyentarlo. Se trata de una defensa activa y eficaz, pero no de una manifestación de dolor.

Lo mismo sucede cuando una rama se quiebra: la planta comienza a repararse de inmediato, generando hormonas y proteínas que le permiten cicatrizar la zona afectada, aunque sin experimentar sufrimiento alguno.

En los últimos años, ha cobrado fuerza un campo de estudio llamado neurobiología vegetal, cuyo objetivo es investigar cómo las plantas procesan la información y coordinan sus respuestas.

A pesar de su nombre, esta disciplina no busca equiparar las plantas con los animales, sino más bien analizar las complejas señales químicas y eléctricas que estas utilizan para adaptarse a su entorno.

Este enfoque nos ayuda a entender mejor la extraordinaria inteligencia natural que poseen, aunque siempre dentro de un marco biológico completamente diferente al nuestro.